¿Quién te dijo que no es posible?

Cada desafío no logrado, cada cosa que no nos animamos a desear, cada límite, es siempre una oportunidad de amarnos y expandir nuestra capacidad de recibir.

Toda nuestra vida y nuestras circunstancias son un reflejo  de nuestro interior;  esta es una frase que se ha usado mucho, pero no es hasta que uno realmente llega a comprender como puede aplicarla a cada aspecto de nuestras vidas, que comienza  proporcionarnos una perspectiva mucho más responsable, potente y que puede abrirnos un campo  infinito de posibilidades.

Cuando por ejemplo, deseamos  algo para nuestra  vida que aún no hemos creado,  ya sea una pareja, un trabajo, una mejor relación con nosotros mismos; cualquiera sea esa meta, debemos ser capaces de mirar hacia adentro,  cuestionarnos cómo concebimos  el mundo en relación a eso y  cómo nos vemos a nosotros mismos frente eso.

Siempre se requiere un cambio y cualquier habilidad que necesitemos desarrollar, cualquier aprendizaje que debamos hacer, empiezan por un cambio en la percepción de nosotros y el mundo.

Y desde mi humilde experiencia, estos límites, esto de creer que yo no puedo, que no lo merezco, que no tengo lo necesario, son siempre el reflejo de un desamor, una desconexión profunda, un no escuchar nuestro deseo, una historia contada y creída que nunca es verdad.

Por también esos límites son una oportunidad para expandirnos, una oportunidad para amarnos más, para repensarnos desde una lugar sin prejuicios, con mayor aceptación y apertura a recibir todo lo que la vida puede darnos si se lo permitimos.

Cualquiera sea la historia que te has contado y que te contaron que no te permite o que justifica que no puedas tener eso que SI es posible; mírala de frente, cuestiónala, desafíala, tirála por la ventana  y buscá ejemplos de lo contrario. Si lográs hacer eso, ya tenes mitad de la batalla ganada, el resto es expandirte hacia la versión de vos que queres ser.

¿Quién te dijo que no es posible?